Jean Lanvin: el estilo de la perfección

Pasaron más de cien años desde el día en que la baronesa de Rothschild viera ingresar a Marguerite, y quedara hechizada por el vestido de la niña, realizado por su madre, la sombrerera Jeanne Lanvin (1867-1946). Ésta accedió a un pedido de la baronesa, y pronto otras madres comenzaron a visitarla con el mismo afán. Para el año 1909, las jóvenes y nuevas damas deseaban ostentar un vestido de Lanvin.

Creadora indiscutible, introdujo la camisa como prenda femenina y el vestido camisero en la segunda década del siglo XX. Sus bordados eran considerados únicos; le gustaba también crear colores sutiles, es por ello que tomó la decisión de construir su propia fábrica de teñido, logrando perfeccionar los de su preferencia: el coral, el rose Polignac, el cerezo malva, o el verde Velásquez que mezclaba con el plata, logrando matices que los convertían en insuperables. Esto sin abandonar su favorito, el negro, combinándolo, y creando dibujos que fueron el sello de sus trajes.

Jeanne Lanvin fue la primera en abrir una sección masculina, Monsieur Lanvin, cuya especialidad fue la realización de trajes bordados para embajadores y académicos. En 1925, hizo construir en Nanterre su fábrica de perfumes, y lanzó su primera fragancia, Mon Peche. Un par de años más tarde, y en homenaje a su hija, amante de la música, presenta el perfume Arpège, creado por el perfumista André Fraysee. Y por sugerencia del diseñador Paul Poiret, le encarga el frasco a Armand-Albert Rateau, decorador de gran renombre. El resultado fue una bola negra exponente del estilo Art Déco de los años veinte, con una imagen en dorado que representa a Marie-Blanche de Polignac (ex Marguerite) y su madre, dibujo adjudicado a Paul Iribe.

Siempre atenta a lo que ocurría, en sociedad con Rateau creó Lanvin Decoraciones; él se encargaría también de diseñar su maison privada en la rue Barbet-de-Jouy. Pronto Lanvin abrió sucursales en Deauville, Biarritz, Barcelona, y también Buenos
Aires.

Fueron su fuente de inspiración, su importante biblioteca, una valiosa colección de joyas, telas y ropas -etiquetados y catalogados-, junto a una selección de cuadros impresionistas, al igual que la naturaleza que estudiaba en las obras botánicas ilustradas por Pierre-Joseph Redouté, y los objetos folklóricos que eran representados en sus brillantes bordados.

No debe olvidarse su famoso “Azul”, nacido de su admiración por los vitrales de la Edad Media, y muy especialmente de un fresco de Fra Angelico que, de tanto mirarlo, se le endureció el cuello. Austera en el trato, generalmente de traje negro con detalles minimalistas en blanco y un collar de perlas, sus clientas se sentían apesadumbradas cuando la empleada les comunicaba: “Nosotros tenemos instrucciones de no molestarla, ella no desea particularmente hablar con Usted”. Entre sus clientas se encontraban: madame Henri de Rothschild, Arletty, Louise de Vilmorin, y las reinas de Inglaterra, Rumania e Italia.

Como toda la clase media de su época, creía en el trabajo, cada colección estaba compuesta de trescientos ensambles. Aseguró que nunca se limitó a ponderar un estilo específico; creía en el derecho de hacer lo que uno desea, prevaleciendo la informalidad y la libertad. Una de sus particularidades era borrar las diferencias entre señoras y jóvenes con sus siluetas fluidas que beneficiaban a ambas.

En la actualidad, el espíritu, la calidad y el refinamiento de la colección Woman Ready-to-Wear está en las manos del diseñador Alber Elbaz, intuitivo y desbordante de energía, preparado para el desafío que representa cada colección, adosando feminidad con modernismo. Y desde 2005, la línea masculina está a cargo del diseñador holandés Lucas Ossendrijver.+